Es
el santuario mariano por antonomasia de la comarca y fue constituido
en parroquia en 1856. Junto con los restos arquitectónicos
que pueden observarse en los aledaños compone el único
vestigio material de la presencia de los Agustinos en Agreda, documentada
desde 1557 hasta la exclaustración de 1835. Fueron
los religiosos de esta orden quienes, a mediados del siglo XVI,
promovieron la construcción de un templo en origen dedicado
a San Agustín. Tras muchas vicisitudes que provocaron la
continua interrupción de las obras, la fábrica fue
concluida hacia 1624. Grandes benefactores de la misma fueron Don
Juan González de Munébrega, obispo de Tarazona, además
de insignes familias de la villa tales como los Huidobro, los Camargo
y los Fuenmayor – los escudos de estas dos últimas
campean a ambos lados de la portada occidental.
Su
planta se ajusta a un esquema de cruz latina coronada por una cabecera
pentagonal en la que se dispone el retablo mayor del siglo XVII
concebido como un gran marco en el que destaca la talla protogótica
en nogal de la Virgen de los Milagros, patrona de Agreda y los 17
pueblos de su tierra. Su festividad se celebra el sábado
siguiente al Corpus Christi y atrae a multitud de peregrinos de
las próximas Navarra, Aragón y La Rioja.
A
ambos lados de la nave se adosan sendas capillas funerarias: en
el lado del Evangelio encontramos la Capilla del Carmen erigida
por Don Hernando de Fuenmayor y decorada por un interesante conjunto
de relieves en estuco alusivos a la vida de la Virgen. Igualmente
interesante resulta el lienzo con el “Cristo de Burgos”
obra de Mateo Cerezo.
La capilla de San Pedro, promovida por los Huidobro, custodia una
monumental talla barroca con San Pedro entronizado, la pila bautismal
románica en la que fuera bautizada Sor María de Jesús,
y la talla del “Cristo de los Templarios”.
La
visita la completan dos retablo góticos de finales del siglo
XV dedicados a San Vicente y a San Lorenzo. Sobre este último
es posible contemplar la imagen pétrea del zapatero Juan
Medrano, falso converso que fue castigado por la Virgen de los Milagros
al ser sorprendido trabajando el día del Corpus.
Las
dimensiones catedralicias del conjunto, su sobriedad y su unidad
estilística convierten al templo en uno de los mejores exponentes
de la arquitectura religiosa soriana del siglo XVI.
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